Hasta luego, Mark


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Las seis sesiones se acortaron a cuatro. Charlotte ya no fue capaz de continuar.

Porque aún dotada de todas sus facultades físicas, mentales y lógicas, se volvió más inválida que Mark.

Tendido en la cama de aquel motel, el parapléjico solo acalló frente a aquella decisión inesperada. Y sonrió.

Apresurada y con la congoja recubriéndola, Charlotte abandonó la habitación, guardó el espejo de medio cuerpo en el baúl y se sentó estupefacta frente al volante de su coche dorado.

Aquel que dejó de ser un cliente, se enquistó en su subconsciente hasta hacerla llorar de dolor, de dolor por amar.

Aquel esclavo de fantasmas paternales, religiosos y de su infancia finalmente recuperó la libertad, no sin antes una catarsis.

Pero Charlotte finalmente desapareció hasta el momento de decir adiós para siempre. O, quizá, un hasta luego, Mark.

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Soy un periodista autónomo que genera contenidos para empresas en Guatemala, El Salvador y el resto de América Central.

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Publicado en Interioridades

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