Urge modernizar los colectivos de Sívar


En Guatemala, la municipalidad capitalina regula el transporte colectivo.

Hay autobuses de toda clase: Los del común, como me dijo alguien por ahí; las trompudas, o extraurbanos; el Transmetro y el transurbano.

Los primeros, como bien los identifican, son vehículos en las peores condiciones, su tiempo de utilidad concluyó hace muchos años. Son el blanco habitual de los hampones.

Las segundas no las he abordado aún, pero un ciudadano me dijo que son menos peligrosas que las del común.

En las del común, viaja chiche y telepate. Están tan deterioradas que es posible ver el asfalto… Los asientos de algunas parecen pupitres, otros son de fibra de vidrio y otras de cuerina inflada, tras unos minutos, sentís los pernos, clavos o la madera con que están hechos.

Como son los blancos continuos de los delincuentes, junto al conductor, viajan dos agentes de seguridad privada. Uno detrás del piloto y otro atrás. Van armados. No se ven amigables, ni interactúan con los pasajeros, salvo para ordenarles que caminen hacia atrás… desde atrás, los envían hacia el centro…

El Transmetro es una de las apuestas de la municipalidad chapina. Me recuerda al sistema de transporte de la zona metropolitana de Washington, pero latinizada y a nivel experimental.

Hay modelos de vehículos a los que estamos acostumbrados a ver hacia Santa Ana o San Miguel y los de tipo oruga, es decir, dos vagones unidos.

El Transmetro circula en un carril preferencial. Los sitios de abordaje y desabordaje son estructuras modernas de vidrio e iluminadas. En estas, hay un agente municipal para resguardar la seguridad del pasajero. Además, varios empleados aseguran el orden.

Me enteré de que la municipalidad concesionó estas paradas por cincuenta años de publicidad a cambio de su construcción gratuita. Ni la alcaldía, ni los ciudadanos invirtieron ningún centavo para ello.

El pago es en efectivo o mediante tarjeta electrónica que se recarga en puntos de llegada o salida. En efectivo, solo es posible con monedas de un quetzal. Aquí también viajan agentes municipales para tranquilidad de los pasajeros.

Circula entre las cinco de la mañana y las ocho de la noche de lunes a domingo. Cada estación está nombrada para ubicar al viajero de acuerdo con el mapa instalado en cada unidad.

A diferencia de Estados Unidos, no cuenta con cámaras de vigilancia monitoreada por la policía. Son, en su mayoría, vehículos modernos y unos que otros con ciertos años de utilidad, igualmente funcionales.

Junto a las puertas de acceso, hay sillones amarillos que están destinados a ancianos, embarazas, madres con hijos en brazo o minusválidos.

El precio, al igual que el resto de buses, es de un quetzal que incluye el transbordaje entre la línea verde o la naranja.

En la actualidad, la ampliación de la ruta verde hacia el sur está a punto de ocurrir. Empleados municipales trabajan en la construcción de las nuevas paradas.

En San Salvador, el alcalde la ciudad ha realizado un ejercicio con un servicio similar, pero en micro. A diferencia de Guatemala, el servicio es gratuito. En esencia ambos servicios son necesarios y urgentes.

Da gusto viajar en el Transmetro.

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Soy un periodista autónomo que genera contenidos para empresas en Guatemala, El Salvador y el resto de América Central.

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Publicado en periodismo multimedia, Publicaciones

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