Mi mamá


A las ocho de la noche, ya habíamos cenado.

Mi papá veía la televisión. En blanco y negro.

Eran los 80.

La canción de la semana era Trhiller. Me ponía como loco al ver el video.

Tras esos cinco minutos de sobresalto, nos íbamos al baño de la casa.

Sentada en la grada, mi madre recitaba las fichas de la Madre Guillermina.

Y yo comenzaba a escribir.

Era el único lugar de la casa con lámpara de tubo. El resto eran focos.

De lunes a viernes, era un culto.

El baño era nuestro lugar de estudio.

Ambos aprendimos algo. A mi se me quedó un poquitín más.

Aunque me esfuerzo, procuro acordarme de algún texto. Ella ya no los recuerda.

Fue hace casi treinta años.

Cuando el sol ni se le ocurría salir, me ponía en pie.

Me llevaba al lavadero para bañarme.

Un tonel con fondo de cemento servía de pila.

La casa se dividía en una vieja estructura de láminas y cimientos de cemento.

Me vestía y yo siempre le pedía que me diera la camisa a cuadros, la de detective.

Pero, me decía que no, que íbamos para la escuela.

A las seis y media de la mañana, comenzábamos a caminar.

Durante un kilómetro de distancia, tomados de la mano, hablábamos de todo y nada.

Era niño y mi curiosidad y fantasía nos entretenían.

Me dejaba en el portón de la escuela.

Abordaba la ruta 27 y se marchaba al trabajo.

Un pan con aguacate y crema era solo el aperitivo al final de la tarde.

Siempre había fruta o pan dulce para merendar.

Pero lo que más me encantaba era ponerme los zapatos aún calientes de ella.

Era lo más gratificante del día.

Un día ya no entró mi pie.

Había crecido y me había convertido en un muchacho.

Dios, Dios, Dios.

“Mi mamá solo pasa hablando de Dios”, has de pensar.

La miro, en silencio y sonrío.

“Cuando me muera, me voy a ir satisfecha de haberles servido.”

“Eras un pata de chucho. Por eso te amarraba al corral, porque medio daba la vuelta y ya te habías escapado.”

“Cómpreme de eso… y era una señora vendiendo hojas de huerta…”

“Soy la mujer más feliz y llena de paz por tener a hijos como vos y tu hermano.”

“Vas a estudiar medicina para que seas doctor…” y estudié computación y después periodismo.

“Y, hoy, ¿qué querés para la cena?” –Madre, ahorita no se me ocurre nada, son las siete de la mañana.

“Aquí te dejo treinta, para que te comprés un jugo”

“Chajuán”, una confusión frencuente por llamar a Chamba, mi hermano, cuado deseaba hablarme.

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Soy un periodista autónomo que genera contenidos para empresas en Guatemala, El Salvador y el resto de América Central.

Publicado en Interioridades

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