Tengo muchas cosas que poner en orden


La mañana que recibí la llamada de notificación para esta nueva etapa de mi vida, no vi tan lejos el inicio.

Por el contrario, y en comparación con la experiencia de la que se convirtió en el cimiento de mi experticia, la ansiedad no me afectó.

Calculador, frívolo y sin una emoción desbordante, comencé a mentalizarme en apostar mucho por la nueva oportunidad para brillar por cuenta propia.

No ha sido fácil, tal como le dije a Rosa la tarde que entró a mi antigua oficina y me vio con los pies extendidos sobre una de las gavetas del escritorio: “Para llegar aquí, he tenido que caminar mucho”, le dije.

Hoy estoy para quedarme por largo rato en una de las ciudades que más me gusta de Centroamérica. Aunque, en realidad, solo conozco la natal San Salvador y Guatemala.

Reflexionaba en el viaje de cinco horas y media sobre cómo decodificar esta experiencia. Y cómo lo harán los que me rodean.

Pensé, por ejemplo, en mis padres. Ellos nunca salieron de viaje de El Salvador. Quizá ni se les ocurrió. Probablemente, sí, pero no se esforzaron por hacerlo.

Mi viejo tuvo al alcance de sus manos radicarse en Estados Unidos; pero despreció la oferta por temor que sus primeras hijas lo obligaran a ligar con su exesposa. Mi madre, por otro lado, no demostró interés alguno por ello, por viajar.

Pensé, además, en cómo lo interpretarán mis hijos, más allá del temor de no volver a verme, tal como lo han manifestado, en cambio para su desarrollo emocional, personal y profesional.

Obviamente que, como muchos padres, espero que les cale en su psique y alimenten la idea de que todos tenemos oportunidades para prosperar, siempre y cuando las piezas se muevan a favor.

En el fondo, recordé que alguna vez quise hacer un reportaje para el día del padre con el caso de un papá que viviera en el extranjero. Es evidente que ser papá a distancia no es lo mismo que estar en cuerpo presente.

Esta se presta para la ocasión referida. Aunque el ejercicio de mayo de hace tres años atrás me sirvió para cauterizar las emociones más intensas que produce el distanciamiento y separación de los seres queridos.

Por ahora, tengo muchas cosas que poner en orden.

La noche de mi llegada fue tranquila, muy tranquila. El clima era perfecto: Fresco, fríos, lluvioso.

Desde el piso once, la ciudad se muy atractiva. El silencio del apartamento me hizo retroceder quince años a uno tan pequeño como la sala de este. Aunque aquella experiencia del 94 me hizo sentir libre, autónomo, importante.

Tenía muchas cosas que, por la inexperiencia, perdí y lamenté por mucho tiempo. Hoy es una nueva oportunidad de empezar con pie derecho. Con el precepto de que qué bueno que tengo la madurez que habría querido tener hace tantos años.

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Soy un periodista autónomo que genera contenidos para empresas en Guatemala, El Salvador y el resto de América Central.

Publicado en periodismo multimedia

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