La Luz sin luz


Vivo en una colonia que no hace honor de su nombre: Luz.

 

La lluvia de esta tarde-noche interrumpió no solo el fluido eléctrico, sino, además, la cotidianidad nocturna de decenas que vivimos aquí.

 

Por más de una hora y media, básicamente, estuvimos a ciegas.

 

De no ser porque teníamos un par de candelas, la luz de mi celular no habría dado abasto para preparar la cena.

 

Aunque, por otro lado, fue provechoso: Platiqué con mi mamá. Hablamos trivialidades, por instantes, y de algunas proyecciones para el resto del año. Por cierto, enero está a punto de ser historia. Ya casi termina.

 

El resto de la ciudad se ve espectacular. La contaminación que pulula ha desaparecido y todo se ve más brillante. Incluso, el destello se refracta en  las nubes y, para los que aún somos jóvenes, produce la claridad suficiente para no tropezar.

 

Pero se agota la batería de mi laptop. Y hasta aquí llego, para no perder el documento

 

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Soy un periodista autónomo que genera contenidos para empresas en Guatemala, El Salvador y el resto de América Central.

Publicado en periodismo multimedia, Publicaciones

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