¡Vaya desorden!


Luego de 20 años, volví a la Puerta del Diablo.

Para mi dicha, fui con mis tres hijos. Comimos mangos, minutas y elotes asados.

Subimos no sé cuantos escalones, aún así, en la cima, me vino a la mente el primer párrafo de Ascensión, de Alfredo Espino: “Quién tuviera dos alas… esta tarde las he tenido”.

La brisa soplaba tan fresca. Las nubes contribuían. Todos nos sorprendimos por la vista tan amplia que hace pensar que estás en el cielo.

Pero, mi momento de paz y reencuentro con Natura se arruinó con el estruendo de una venta de música pirateada que manaba desde el fondo del lugar.

Era música trillada de los 80, habitual en los chupadores de poca monta; reguetón, disco, merengue, salsa, etcétera. El comerciante, con tintas de discjockey, a penas y ponía 10 segundos de cada pista.

Sólo el cansancio del ascenso y el cuido de mis chicos me apartaban de semejante insulto a los turistas. No me dio la impresión de que a los demás les molestara. A mí, sí. Un verdadero desorden al que deben postrarle atención la municipalidad y la Politur.

Recuerdos y temores

La primera vez que fui, era un adolescente. Tuve la oportunidad de hacerlo cuando vino una de mis hermanas desde Estados Unidos. Era su primera visita a El Salvador tras nueve años de haber emigrado como indocumentada.

Esa vez, fuimos de noche. Así que no tuve la dicha de apreciar la magnificencia de la naturaleza. Ni siquiera subimos por los peñones. El domingo anterior sí.

A pesar de estar tan cerca de San Salvador, no me había tomado la molestia de viajar. Por desinterés, por paranoia, por no tener otro motivo.

Aunque, la presencia policial aminoró mi incertidumbre de que aquel era un lugar peligroso. Y, aunque no es una garantía total para que no te pase nada, por lo menos, tranquiliza.

Más que rocas

La Puerta del Diablo es un lugar espectacular para hacer fotos. Otros prefieren el rappel y otros el canopy.

No se paga por su uso, algo bueno y malo, al mismo tiempo. Además, es una fuente de ingresos económicos de muchas familias.

No se gasta demasiado y es provechoso para ejercitarse. Un buen par de binoculares, gorra y suficiente agua, son suficientes.

Para quienes no tenemos carro, la ruta 12 de autobuses sube durante todo el día. Los microbuses, al principio de la mañana y al final de la tarde.

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Soy un periodista autónomo que genera contenidos para empresas en Guatemala, El Salvador y el resto de América Central.

Publicado en periodismo multimedia, Publicaciones

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