“Se pasio en todo el hermano ese”



"Se pasió en todo el hermano ese", fue la conclusión del primer pasajero de la fila izquierda del colectivo donde tuve la oportunidad y el privilegio de viajar la noche de este lunes 17 de septiembre de 2007. Una fecha inolvidable para muchos y en especial para el conductor que huye de la justicia luego de darse el lujo de derramar parte de los seis mil galones fuel oil desde la 49ª avenida sur hasta Lourdes, en Colon, La Libertad.
Pasábamos entonces algún tramo de la Panamericana rumbo a Los Chorros, de pie, desesperado y frustrado, no pude ver con certeza donde estábamos. Lo cierto es que me sentía como muchos de mis compatriotas que van tras el sueño de vivir como gringos.
Y no solo se pasió en todo, ese fulano me robó una hora de vida junto a mis hijos, aunque me hagan de cuadritos esa parte del día cuando aún están despiertos. Me robó parte de mi paciencia, esa que tanto me cuesta ganar, como mi salario quincenal. Me robó muchas de mis neuronas, que a esta altura de la vida son tan valiosas.
Por un instante, el muy bandido, por no decir otra palabra, me recordó los "fabulosos" y bien justificados castigos de mi maestra de primaria en el patio de la J. Bran a plena mañana, esa escuela que una vez dio el pan del saber a mi hermano ya fallecido y a varios de sus amigos que también me conocieron.
Hizo además que esta noche conociera más de todo lo que en la última década hube escuchado de Los Temerarios. No tengo nada en contra de los gustos ajenos, pero ¡ah! que vilezas las de la vida. Se las desquita con uno con lo que menos le agrada. Una hora completa de sus grandes éxitos y alguna que otra pista en concierto. Después de las nueve de la noche, sé ahora que la Que Buena, la radio de los apopenses, incluye a Rudy La Escala y hasta al Buky en su programación. No tengo nada contra ellos, pero ¡qué música!
/€ffzwASXXXXXDDADDAD DDSSDSWASasASasasasaddsSASSAaSSWQWQWSQSASASs [Esto lo escribio mi hijo, Franco]
Por un momento tendí a envidiar a los que venían sentados y dormitando por el soponcio del calor en la carcacha. Pero luego caí en la cuenta de que no me perdía de mucho y, si quiere verse así, mi trasero de salvó del ardor que te dejan los pedazos de madera y esponja desecha de la mayoría de buses del servicio disque público.
Por otro lado, para muchos fue la escusa perfecta para entablar conversación. Si bien quise hablar con alguien, la desesperación ya me había ganado la carrera y lo único que quería hacer fue tener al "hermano ese" que se pasió en todas nuestras vidas para recordarle a la autora de sus días.
Caeré a propósito en darle vida a los objetos animados y diré que la lluvia se burlaba de nosotros con las constantes pringas que solo podía ver por la incandescencia de los carros de atrás y el lento y ensordecedor movimiento del bus se conjugaban de forma maquiavélica, para mi desdicha, en un coctel tortuoso de malestares personales.
Mañana será otro día, correcto, espero que tenga su propia faena, una que distinta a la este lunes. Vaya inicio de semana.
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Soy un periodista autónomo que genera contenidos para empresas en Guatemala, El Salvador y el resto de América Central.

Publicado en periodismo multimedia

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