“¡Busquen trabajo!”


El recorrido inició a las 7:37 de la mañana, luego de hablar sobre las infinitas oportunidades que este oficio le da al líder máximo del grupo, pero en especial a sus nueve “voluntarios”, radicados en la colonia Santa Rosa 2, de Cuscatancingo, San Salvador.

La hora anterior ha transcurrido entre bromas para terminar de despertar, aderezada con bocados de pan con queso y café en tazas de plástico, más la discusión de las rutas para evitar la competencia e invasión de zonas.

El viento sopla suavemente. Hace agradable la mañana.

“Si usted quiere, nos vamos a Guatemala. Ahí sí se hacen bolas. 200 o 300 quetzales”, me dice entusiasmado el veterano guía que me han asignado para iniciarme en la solicitud de dádivas.

También ofrece como destino Roatán. Lo describe con cristalinas aguas color turquesa.

“¿Usted está casado?”, me pregunta.

“Sí, y con tres hijos.”

Entonces me dice que mi esposa también es una potencial candidata.

“Se van los dos y se quedan en un cuarto con (televisión por) cable. ¡Con cable! Nada de televisión local”, sazona.

“Los dos pueden hacer suficiente (dinero)” durante los 15 días de viaje previamente coordinado y reforzado con una carta de la agrupación para que las autoridades del país visitado crean que los “socorristas” van en misión humanitaria.

Es un estilo de vida.

Como me dijo el jefe de mi guía, días antes del recorrido. “Pruebe. Si le gusta, se queda.”

Tal como lo plantea, es una verdadera oportunidad para alguien sin trabajo.

No se requiere mayor papeleo ni conocimiento de atención de emergencias. Eso ni se menciona.

Basta con que, de palabra, uno no sea pandillero, drogadicto o borracho; y solvencia de antecedentes penales y policiales.

Me invita a pasar a su oficina.

La buena voluntad de aquel hombre inunda con prontitud la pequeña, sucia, desordenada y maloliente habitación, manchada con un “Cristo te ama” en pintura negra de aceite.

En la habitación contigua está la sala de atención de urgencias. No hay diferencias.

Deja en claro que lo fundamental es pedir dinero.

“No crea que va a salir corriendo a las emergencias”, aclara.

“Usted llega a una casa y dice: ‘Buenos días, doñita, camillero voluntario solicitando una pequeña ayuda económica…’; y antes de que termine, le están dando (el dinero).”

Aunque no todo el tiempo se es bien recibido, como lo constaté un par de días después.

Tras 15 minutos de haber dejado la base junto al instructor —miembro de la organización desde 1991— y otro voluntario, con un año de militancia, una mujer que arregla sus plantas deposita dos monedas de cinco y una de 10 centavos de dólar en la cajita de madera con la ranura.

Fue la primera donación que recibí esa mañana.

De las más de 500 casas visitadas, la mayoría dio una excusa para deshacerse del personaje vestido en rojo.

“No está la señora”, “No me han dejado pisto”, “No está mi mamá”, “Vuelva otro día” o, simplemente, algo más brusco: “¡Busquen (un verdadero) trabajo!”

Un muchacho me recriminó con suspicacia: “¿En dónde están ustedes? Nunca los he visto”.

Le di el número telefónico en caso de que tenga una verdadera emergencia, aunque probablemente no será atendida. Esa mañana, en la base solo queda el cacique. Los demás andaban pidiendo dinero.

En sus mochilas no portan nada para atender emergencias.

Han pasado tres horas y las alcancías ya pesan.

Los Camilleros Voluntarios no rebosan de recursos, pero esos uniformes aparecen en acción con frecuencia. Estuvieron cuando el huracán Stan y, hace años, cuando un bus cayó al río Tomayate.

Al mediodía, el calor, el cansancio de unos siete kilómetros caminados, el hambre y la deshidratación me hacen renunciar.

“Así se empieza”, me dicen los dos compañeros.

“Esto no es para mí”, les insisto.

He recogido para pagar los $2 por el uniforme y algo más.

Al llegar a la base, el cacique no está.

Solamente su mujer, que recibe los $2.

El resto, $6.13 en mi caso, será entregado en la sede central de los Camilleros Voluntarios.

Genero contenidos editoriales para la revista IT NOW en sus versiones impresa y digital. He escrito además para las revista Proagro (2014), Mercados y Tendencias (2015-2016) y América TIC (2016). He participado como fotógrafo en la primera edición del Mercedes Fashion Show (2014), coordinado la cobertura digital de la primera Bienal de Arquitectura de Guatemala #BienarqGT (2016), así como la primera edición de IT Breaks Guatemala (2014). He coordinado y gestionado paneles de discusión el Tech Day de 2015 y 2016 en Guatemala y El Salvador, y coordinado una parte de la apuesta editorial de República Dominicana (2016) Fue editor web en www.publinews.gt Fue Gestor de contenidos multimedia y community manager en Nuestro Diario, Guatemala. Laboró como webmaster en www.sansalvador.gob.sv, el sitio oficial de la ciudad de San Salvador y la gestión municipal. Desempeñó el cargo de coordinador de contenidos especiales y atención ciudadana en http://www.laprensagrafica.com En 2008, desarrolló la dinámica de periodismo ciudadano con la nueva sección Reportero Ciudadano, para la cual elaboró una Guía básica para las personas interesadas en iniciarse en esta tendencia. Formo parte del equipo Multimedia desde sus inicios en 2004. Desde 2001 a 2008, realizó aportes multimedia que innovaron la navegación en este sitio informativo, tales como la inclusión de audios y videos en 2003. Asimismo, fue pionero de la transmisión de video y audio en vivo de importantes foros políticos y sociales desde LA PRENSA GRÁFICA. Dio cobertura desde Iraq y Kuwait al cambio de rotación de los batallones Cuscatlán VII y VIII, en febrero de 2007. Tiene estudios de comunicación y periodismo en la Universidad José Simeón Cañas y cursó un postgrado en periodismo digital en línea en la Universidad de Belgrano, Argentina. Asimismo, posee conocimiento en video y fotografía digital. En noviembre de 2008, participó en el seminario de periodismo digital La evolución del periodista multimedia, impartido en la ciudad de Antigua Guatemala.

Publicado en periodismo multimedia

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